Contexto

Desde hace algunos años, el pago de impuestos en México sufrió un importante cambio gracias a la introducción del Comprobante Fiscal Digital por Internet (CFDI), el sistema de emisión de facturas online que dejó atrás el procedimiento antiguo basado en boletas impresas. 

Esto permitió una mayor agilidad en la gestión de pagos y cobros; mayor control de las autoridades, pues todos los procesos están digitalizados desde su origen.

La eliminación de gastos innecesarios, menor burocracia, reducción de tiempos y de papeleo en la presentación de declaraciones de impuestos.

También permitió, a quienes contrataban servicios, presentar las facturas electrónicas como comprobantes de gastos relacionados con su actividad económica y utilizarlos para la deducción de impuestos o reclamo de devolución del Impuesto al Valor Agregado (IVA).

Validación de la factura digital

Pese a lo anterior, desde el inicio del sistema no estuvo claro qué requisitos debía reunir un CFDI para ser considerado válido con el fin de realizar deducciones.

Las autoridades actuaron a partir de una presunción sobre la veracidad de los documentos presentados por las empresas, lo cual fue aprobado por la Suprema Corte Suprema de Justicia de la Nación, al considerar como válido el artículo 69 b del Código de Fiscal de la Federación (CFF), que ofrecía facultades al SAT para evaluar unilateralmente la actuación de las empresas.

En una resolución de 2015, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) señaló que:

el precepto aludido prevé un procedimiento para que las autoridades presuman la inexistencia de las operaciones de los contribuyentes que hayan emitido comprobantes fiscales sin contar con activos, personal, infraestructura o capacidad material“.

De este modo, el contribuyente quedó obligado a demostrar que los gastos señalados en los CFDI se justificaban como “razón de negocios” y que las operaciones forman parte necesaria de sus actividades económicas.

Otro elemento considerado por las autoridades para validar un CFDI es que las facturas presentadas demuestren su materialidad, es decir, que no haya dudas de que dichas operaciones efectivamente se realizaron y no se trate de un procedimiento de evasión impositiva.

La obligación de demostrar que las facturas eran reales se hizo más fuerte luego de que las autoridades dieran a conocer un listado de empresas que habrían emitido facturas que no estaban justificadas en actos comerciales o de servicios realmente realizados.

EFOS y EDOS

A las empresas que aparentemente emitían facturas sin que haya demostrado la materialidad de sus actividades se les denominó EFOS (Empresas Facturadoras de Operaciones Simuladas), sobre las cuales existían serias sospechas de actividades fraudulentas. 

Al respecto, y más allá de los requisitos de validación de los CFDI asentados en los procedimientos, el Servicio de Administración Tributaria optó por emplear medios de verificación más severos para aceptar facturas como medio para la deducción de impuestos.

Y desde luego, si existen los EFOS, también debían existir los EDOS, acrónimo de Empresas Deductoras de Operaciones Simuladas.

Hablamos de aquellos contribuyentes que supuestamente emplean falsas facturas para presentarlas como comprobantes para la deducción de impuestos, y hasta para exigir la devolución del IVA por las supuestas operaciones realizadas.

Los EDOS son quienes emplean las facturas simuladas. Cumplen en tiempo y forma con todos los requisitos legales y parecen contribuyentes modelo, pero incluyen en sus declaraciones operaciones inexistentes o de origen dudoso.

Así, cayó sobre el contribuyente la obligación de demostrar con documentos que los CFDI presentados eran de operaciones legítimas y reales, y que dichos gastos, aun cuando se demostrara su materialidad, también formaban parte efectiva de sus operaciones económicas y no eran simples gastos personales.

Esta obligación de demostrar la materialidad y razón de negocios de los CFDI sumó nuevas condiciones con el lanzamiento en 2017 de la versión 3.3 del sistema, el cual implicó diversos cambios que deben ser considerados por el contribuyente.

Actualización: CFDI 3.3

Después de múltiples modificaciones, en 2017 se lanzó la versión 3.3 del Comprobante Fiscal Digital, cuya puesta en marcha se fue aplazando en tanto los contribuyentes asumían las nuevas funciones.

Aunque originalmente estaba programado el cambio para julio de 2017, el nuevo sistema convivió con el anterior y solamente desde el primero de enero de 2018 se convirtió en uso obligatorio para todos los contribuyentes que emiten facturas. 

Siendo así, las facturas emitidas en 2018 que empleen el viejo sistema no tendrán validez como comprobante para solicitar deducciones

Otro elemento importante es que el nuevo CFDI se separa de otras funciones, como la de servir como recibo de sueldo o comprobante de pago, operaciones para las que se emplearán documentos diferentes.

Esto implica que se refuerza la función el CFDI como herramienta para el cumplimiento de la declaración de impuestos.

Básicamente, el nuevo sistema ofrece mayor información sobre las empresas que emiten y reciben CFDI, con un seguimiento más detallado de sus operaciones. 

Validar plenamente los CFDI

Para que los CFDI presentados tengan validez en las deducciones de impuestos y no sean desechados como dudosos, deben contar con requisitos que demuestren su legalidad. Entre éstos, destacan los siguientes:

1. Sintaxis y datos apropiados

Cualquier dato impreciso o contradictorio en la factura puede significar que sea rechazada cuando se trate de deducir impuestos.

De hecho, respecto al formato electrónico único, se establece que :

El contribuyente que opte por emitir comprobantes fiscales digitales a través de Internet deberá generarlos bajo el siguiente estándar XSD base y los XSD complementarios que requiera, validando su forma y sintaxis en un archivo con extensión XML, siendo este el único formato para poder representar y almacenar comprobantes de manera electrónica o digital“. 

2. Documentos anexos

Presentar documentos anexos en los cuales se demuestre que las deducciones tienen fundamento en las operaciones comerciales realizadas, tales como acta constitutiva de la empresa, comprobantes expedidos, pólizas y registros.

3. Materialidad

Demostrar que los gastos son materialmente necesarios y existieron realmente. Para ello, es preciso aportar todos los documentos que indiquen que se realizó la operación, tales como gastos secundarios, contratos de arrendamiento o compra y venta, etc.

4. Normas anti elusión

En este caso, la carga de la prueba cae sobre el contribuyente, por lo cual es preciso justificar cada paso en materia fiscal con los documentos que lo amparen.

5. Contratos

Justificar, con la presentación de contratos, la razón de negocios de los gastos. Los contratos ofrecen certidumbre de que las operaciones realmente existieron y que en ambas partes existen empresas con actividades reconocidas y registradas.

6. Formas de pago

Incluir comprobantes de formas de pago certifica que las operaciones se realizaron, con la presentación de documentos como estados de cuenta o transferencias de fondos.

7. Comprobación de servicios

En el caso de servicios intangibles, es preciso comprobar su realización con datos tales como copia de RFC y razón social de los prestadores de servicios, detalle del servicio prestado con datos de fechas, lugares, costos, etc.

8. Comprobación de adquisiciones

Demostrar la compra de insumos o activos de manera explícita, con documentos que comprueben su traslado, paso por bodegas, seguros, salarios, fletes, etc. Esto apoya en los hechos la materialidad de las operaciones declaradas.

9. Importaciones

Presentar los documentos que acrediten el ingreso de mercancías o insumos provenientes del extranjero, por medio de los pedimentos de importación tramitados ante el Servicio de Administración Tributaria.

Todos estos elementos ayudan a comprobar que las operaciones realizadas son legítimas y serán una garantía de que las autoridades no rechacen las facturas, y que éstas puedan ser utilizadas en la deducción de impuestos.