La Capacitación, ¿es un gasto o una inversión?

Escrito por Ing. Ricardo Gallardo

Tags: Capacitación, Desarrollo Personal, Desarrollo Organizacional

Los efectos de la pandemia del 2020, como es de conocimiento general, no tan solo afectaron en la cuestión sanitaria, sino también en lo económico.

 

 

Millones de personas, en todo el mundo, de pronto se encontraban sin empleo. Y miles de negocios cerraron sus puertas, algunos para no volverlas a abrir jamás. Y, México, no fue la excepción.

La hormiga y la Cigarra.

En la fábula de Esopo, “La hormiga y la cigarra”, la cigarra (que algunos editores la pintan como una especie de saltamontes), disfrutaba del verano y de la abundancia de comida, y no se preocupaba por nada más; mientras que la hormiga trabajaba duro para almacenar alimento para el invierno.

Y bueno, para resumir el cuento, les diré que la cigarra se burló de la hormiga por su arduo trabajo y siguió en la “dulche vita”.

Cuando llegó el invierno, la hormiga la pasó bien, pues tenía un buen refugio y comida en abundancia. En cambio, la cigarra murió de hambre y frío.

Como moraleja, nos deja que no debemos esperar a que llegue el invierno para empezar a preocuparnos por nuestro destino.

La pandemia del Coronavirus.

Hablando de invierno, ahora, veamos algunos datos fríos:

Con la pandemia del coronavirus, para el mes de mayo de 2020, la tasa de desempleo en Estados Unidos rascó el 15%. Reflejando una pérdida de 20.5 millones de empleos en ese país.

En México, según el INEGI, para el mes de junio de 2020, la tasa de desempleo superaba los cinco puntos porcentuales, y la informalidad se incrementaba.

Además de los empleos perdidos, miles de negocios cerraron, y muchos de ellos dejaron de existir. Algo que nadie se esperaba.

¿Cómo es buscar empleo en una situación tal?

Pues, tal vez amargamente, ya lo sabes, o te lo imaginas: Es muy, pero muy, difícil.

Para una misma vacante, se encuentran cifras de alrededor de 750 postulantes o más contra los que hay que competir (una verdadera guerra, si se me permite la comparación).

La fila es larga, y las vacantes pocas.

Y es ahí cuando nos “cae el veinte” de lo que hemos dejado de hacer y pasar, (como la cigarra).

Al ver la lista de requisitos que solicitan las empresas, y al hacer un repaso de nuestro CV nos sentimos desarmados:

Maestrías, doctorados, especialidades, certificaciones, amplio dominio de esto, amplio dominio de lo otro, inglés (ah, pero avanzado), años de experiencia en tal o cual puesto, etcétera, etcétera, etcétera.

Y, además, la edad. Sí, la edad también influye en la ecuación. Porque, a mayor edad, mayor debería ser el acervo de conocimientos, y mejor preparados deberíamos de estar (aunque, lamentablemente, no siempre es así), porque el embudo laboral se estrecha más.

Si de por sí, la búsqueda de empleo en circunstancias normales ya representa todo un reto, en situaciones adversas no necesito decirle como es, o lo puede intuir.

El Arte de la Guerra

Sun Tzu, decía algo muy interesante, en unos de sus postulados de su obra: “El arte de la Guerra”, que nos vine a colación con lo que hemos venido platicando y que me voy a permitir citar a continuación:

“Perdurar o caer, sobrevivir o desaparecer, depende más de lo que tú te hagas a ti mismo que de lo que el mundo te haga a ti.”

Ah, y aquí otra más:

“La invencibilidad está en uno mismo, la vulnerabilidad del enemigo, en él”.

La obra de Sun Tzu, originalmente escrita con motivos militares, nos da lecciones de vida que podemos trasladar a muchos ámbitos.

Entonces, ¿Cómo lo podríamos empatar en términos laborales? Bueno, justamente como lo estás pensando. Estar mejor preparado que el otro, (que también requiere el mismo puesto), porque esto es la guerra…, o bueno, algo parecido.

Las empresas y la repercusión de la crisis:

Ahora, veamos la otra cara de la moneda; vayámonos al terreno de las personas… morales.

¿qué hay de las empresas que se vieron forzadas a liquidar personal durante la pandemia? ¿cómo suplir los espacios que quedaron por los que se fueron? Como dicen por ahí: ¿Cómo hacer más con menos?

Una alternativa es con la capacitación de los que se quedaron. Sin embargo, tampoco debe verse esto como “lo último que nos queda por hacer, en caso de”. La capacitación es como el verano de la hormiga de Esopo. Hay que trabajar continuamente en eso.

Se tiene que sembrar en el tiempo adecuado para cosechar después, y tener alimento durante el invierno.

Así pues, eso nos lleva a la siguiente pregunta:

La capacitación empresarial, ¿es un gasto o una inversión?

Después de haberle dado un repaso a Esopo y a Sun Tzu, creo que ya lo tenemos un poco claro, sin embargo, para comprender bien esta interrogante y emitir una respuesta adecuada, entremos al terreno de lo técnico, de los contadores y de los financieros, pues.

Primero, tenemos que definir los conceptos de gasto e inversión:

Gasto:

Un gasto es una erogación realizada para el pago de un producto o servicio. No hay retorno del dinero. En términos contables se le denomina gasto o egreso, porque implica la no recuperación del efectivo utilizado para esos fines.

Inversión:

Una inversión, a diferencia de un gasto, persigue, además de la recuperación del capital utilizado, acrecentar el mismo.

Sin embargo, toda inversión implica un riesgo, que muchas veces vale la pena correr. Si nos sale bien el numerito, pues fue una inversión, si sale mal…, un gasto.

Si consideramos que, por lo general, en toda organización empresarial (grande o pequeña) se cuenta con capital humano con gran potencial de desarrollo laboral, entonces cobra relevancia el concepto de inversión en capacitación.

¿Por qué? Pues porque, al invertir en capacitación de su plantilla laboral, tendrá la promesa de tener colaboradores mejor preparados y actualizados en cuanto a conocimientos y habilidades, con el consiguiente beneficio de ser más productivos para la empresa.

Ahora bien, la capacitación empresarial (e inclusive la personal) lejos de verla como un gasto o una obligación incómoda, debería ser considerada como una inversión necesaria para el crecimiento de toda organización y de sus integrantes.

Bajo este contexto, ¿por qué esperar a que se nos presente un evento como el de la pandemia, que nos pegue fuerte, para empezar a remar, pero ahora contra la corriente?

Los inviernos suelen ser muy crudos.