Las reuniones que se han llevado entre México, Estados Unidos y Canadá para la actualización del TLCAN no han arrojado un resultado certero.

Los pronósticos de las implicaciones en el comercio exterior no se han hecho esperar.

El Tratado de Libre Comercio en América del Norte (TLCAN) entró en vigor en enero de 1994.

El objetivo del acuerdo era eliminar o rebajar el costo de los aranceles entre México, Estados Unidos y Canadá, es decir, que la exportación fuera más barata entre estos tres países.

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Otro de los objetivos importantes del tratado era el de permitir el libre flujo de mercancías.

De este modo, el consumidor final compraría los productos a un precio mucho menor.

Gracias a este acuerdo, las exportaciones desde México hacia Canadá y Estados Unidos aumentaron hasta en un 500 por ciento a lo largo de los más de 20 años que ha durado el acuerdo.

Un error, según Trump

En julio de 2016, como parte de su campaña presidencial, Donald Trump comenzó a exponer el tema de una posible cancelación del TLCAN, pues según él Estados Unidos había contraído el “peor acuerdo comercial de la historia” .

En noviembre de ese mismo año se declaró la victoria del republicano. Ya como presidente, la posible desaparición del tratado comenzó a verse como una opción más factible. 

México y Canadá apelaron para llegar a un acuerdo y lograr una modernización. De esta manera, buscaban minimizar las implicaciones que la cancelación total podría tener en la economía nacional de los tres países.
 
Sin embargo, no son lo únicos que han comenzado a analizar alternativas para sobrellevar cualquier resultado.
 
Si bien en este caso la decisión es de tres partes, lo cierto es que el destino del TLCAN influirá de diferentes maneras en el comercio exterior alrededor del mundo.
 
 
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Una lección de alcance internacional

En caso de llegar a un acuerdo para que el tratado se mantenga vivo, México, Estados Unidos y Canadá darían una gran lección al mundo entero sobre cómo resolver conflictos de economía y comercio exterior.

Este ejercicio hablaría de la buena voluntad que tienen las naciones por avanzar y crecer juntas, según han opinado expertos en Finanzas y Relaciones Internacionales.

Para Víctor Do Prado, director de la división de Negociaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC) se trataría de una cátedra sobre cómo resolver problemas comerciales.

La actualización del TLCAN “refuerza las reglas internacionales, muchos temas del tratado son de importancia para el resto de los países”. Un reconocimiento que sin duda, le vendría bien al gobierno de Donald Trump.

Nadie toma, todos pierden

El otro escenario que se avecina es el final del TLCAN. Ante esta posibilidad las opiniones y los pronóstico son más variados: para algunos EE.UU. perderá más de lo que espera; para otros, México será el gran perdedor de la historia. 

El canciller mexicano Luis Videgaray ha señalado que “también para Estados Unidos, México representa una relación fundamental”.

Sin embargo, la mayor parte de las exportaciones que ha hecho México dentro del acuerdo se han dirigido a Estados Unidos.

De no salvar el TLC, el sector de exportación en México tendría que tejer nuevos lazos con países del sur. 

Pero Estados Unidos también tiene algo que perder, ya que México compra una gran cantidad de mercancía al país vecino.

Tan solo en 2015, estas importaciones alcanzaron los 196,000 millones de dólares para el país del Tío Sam. Los contrapesos aparecen en cada una de las posturas.

Hasta este momento, nada está escrito para ninguna de las partes. 

Es importante ampliar el contexto y reconocer que los efectos no solo serán a nivel regional o binacional: alrededor del mundo las propuestas comienzan a abrirse para México. 

El impacto en América Latina

Para aminorar las desventajas de un resultado adverso, México busca alternativas en lo vecinos del sur.

Con la cancelación del tratado, Estados Unidos aumentaría el costo de sus aranceles, por lo que la dirección podría girar hacia nuevos rumbos. 

Por fortuna para México, sus vínculos económicos con Chile, Colombia y Perú se vieron fortalecidos en el marco de la Alianza del Pacífico.

Desde ese momento, el 94% del intercambio de bienes se ha mantenido libre de aranceles.

Esto formaría parte de un plan B que México estaría dispuesto a aprovechar, como lo ha mencionado el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo.

El cierre del tratado entre países del Norte significaría una oportunidad para países como Brasil y Argentina, los cuales exportarían algunos productos (granos o carne) en grandes cantidades, como lo ha comentado a la BBC Mundo Rubens Barbosa, exembajador de Brasil en Estados Unidos.

Como parte de este plan B, México se convertiría en receptor de trigo argentino por primera vez en su historia, con 30 mil toneladas que comenzarían a embarcarse en diciembre.

Argentina tendría grandes expectativas si se considera que México adquiere 12 millones de toneladas de trigo cada año a Estados Unidos.

De esta manera, nuestro país vecino también ofrece oportunidades a otros países, un convenio implícito en el que todos podrían ganar. 

El pastel que dejaría Estados Unidos significaría una gran rebanada para diferentes países de región del sur, pero también para naciones como China.

Nueva llamada a la acción

Los planes de China, paralelos a la negociación del TLCAN

Desde 2014 China superó a EE.UU. como la mayor economía mundial. Su liderazgo mundial avanza paralelamente a la posible desaparición del tratado.

China conoce la importancia del lugar que Estados Unidos dejaría, y sin duda está dispuesto a ocuparlo.

Este curso de acción sería coherente con sus movimientos estratégicos, como se puede observar en el aumento de su participación comercial en el continente americano.

Situación actual de las negociaciones

Actualmente, las reuniones entre México, Canadá y Estados Unidos se encuentran vigentes. Ya se han llevado a cabo cuatro rondas y se espera que la próxima tenga lugar a finales de este año.

Además, se programarán dos rondas más para el primer trimestre del 2018.

De acuerdo a los resultados que se han tenido en las negociaciones pasadas, el panorama se avisora complicado.

El presidente de Estados Unidos ha defendido su postura, en la que asegura que su país ha sido el menos beneficiado del tratado, por lo que ha puesto sobre la mesa condiciones que México no estaría dispuesto a aceptar. 

Los negociadores mexicanos que integran el equipo negociador han declarado que no aceptarán un tratado que discrimine a México, que le reste competitividad y le coloque en peores circunstancias que otros países.

Por su parte, el representante de Comercio Exterior de Estados Unidos, ha calificado las posturas de México y Canadá como “inflexibles”.

México espera a llegar a un acuerdo antes de sus próximas elecciones presidenciales, las que se realizarán en julio de 2018.

Un nuevo gabinete significaría comenzar de nuevo con las negociaciones y, quizás, desandar parte del camino que ya se ha avanzado. 

Impacto de una posible actualización del Tratado de Libre Comercio en América del Norte 

Aun cuando se acuerde la actualización, modernización o salvación del TLCAN, las cosas no quedarían inmóviles alrededor del mundo.

Se deben considerar los términos en los que fue aceptado. Pues de permitir una ventaja a Estados Unidos sobre México, esta podría replicarse en los acuerdos que ambos países mantengan con otras naciones.

Para México sería afortunado trabajar en su “plan B”, incluso si la resolución del tratado del Norte culmina positivamente.

Fortalecer los lazos económicos con Sudámerica prepararía al país ante nuevos retos, desacuerdos o indisposiciones futuras de cualquiera de sus socios del norte, tanto Canadá como Estados Unidos.

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